2 de junio de 2011

ESCUELA DE JESÚS

Domingo 5 de junio de 2011 - La ascensión del Señor

Evangelio de Mateo 28, 16-20

La situación que se vive hoy en nuestras comunidades cristianas no es nada fácil. En nuestro corazón de seguidores de Jesús surgen no pocas preguntas:


¿Dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis religiosa?

¿Qué es lo importante en estos momentos?

¿Qué hemos de hacer en las comunidades de Jesús?

¿Hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?


Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su tarea y sostener su fe a lo largo de los siglos.


Siguiendo las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en Galilea. Allí había comenzado su amistad con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su ejecución?


El encuentro con el resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los discípulos "se postran" ante él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer, pero "algunos vacilan". El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.


Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada. Los conoce desde que los llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo de los siglos vivirán una fe vacilante. Jeús los sostendrá a todos.


La tarea fundamental que les confía es clara: "hacer discípulos" suyos en todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer doctrina, sino a trabajar para que en el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas de Jesús. Seguidores que aprendan a vivir como él. Que lo acojan como Maestro y no dejen nunca de aprender a ser libres, justos, solidarios, constructores de un mundo más humano.


Mateo entiende la comunidad cristiana como una "escuela de Jesús". Seremos muchos o pocos. Entre nosotros habrá creyentes convencidos y creyentes vacilantes. Cada vez será más difícil atender a todo como quisiéramos. Lo importante será que entre nosotros se pueda aprender a vivir con el estilo de Jesús. Él es nuestro único Maestro. Los demás somos todos hermanos que nos ayudamos y animamos mutuamente a ser sus discípulos.


José Antonio Pagola

http://sopelakoeliza.blogspot.com/





1 de febrero de 2011

LA MUJER EN LA IGLESIA: HABLAR EN NOMBRE DE DIOS

Este título corresponde al capítulo 20 del texto: "Ser mujer en la Iglesia. Memorias espirituales", de la religiosa Joan Chittister OSB.

Esta lectura me conmovió, pues yo como mujer y laica he vivido sentimientos que ella muy bien describe, como la incómoda sensación de invisivilidad que en diversas ocasiones experimentamos al interior de nuestra Iglesia y que, personalmente, fue tema que siempre lo traté al interior de la institución. Ella expresa que, es un tema que ya debe ser públicamente abordado y esto por el bien de la Iglesia.

Más adelante, ella propone una particular espiritualidad para un tiempo de tensión, mientras trabajamos por el cambio. "Necesitamos una espiritualidad de CONVICCIÓN, HONRADEZ, CONSCIENCIA, RESISTENCIA y FE en un Dios cuyo tiempo no es el nuestro".

Nos urge la CONVICCIÓN de reclamar una espiritualidad plena tanto para varones como para mujeres. Necesitamos la imagen de Dios Padre y también Madre.

Joan Chittister expresa:

"Quiero un Dios que sea "Madre". Estoy cansada del Dios Padre legislador, con tiara y anillo. Quiero un Dios que sea energía profunda portadora de vida. Mi vida. Directamente. No mi vida mediada únicamente por hombres que excluyen a las mujeres porque "Dios" les dice que lo hagan, por lo que "no tienen autoridad para cambiarlo".

Esta HONRADEZ es peligrosa, pero necesaria para que el Espíritu Santo pueda actuar en nosotras y podamos entrar en contacto con la verdad a fin de no sufrir el dolor que da el conocimiento.

Tomar CONSCIENCIA de la verdad se convierte en nuestra cruz, pues una vez que comenzamos a ver, a conocer la verdad, ya no podemos ir hacia atrás, no podemos dejar de ver. La concienciación nos compromete. Y agrega la autora: "La concienciación es una bendita maldición: a veces es mejor estar ciego que ver". y es preciso tener fortaleza y RESISTENCIA para soportar la dolorosa carga que nos causa este conocimiento.

Si miramos a Jesús del Evangelio nos damos cuenta que él vivió y abordó las mismas situaciones que siguen presentes, pero esta vez esperando que las abordemos las mujeres. La Iglesia necesita de nuestros criterios y de nuestra particular forma y necesidad de contribuir a buscar soluciones.

Finalmente, necesitamos vivir una espiritualidad de la FE en un Dios vivo que nos ilumina y ayuda a caminar en medio de la oscuridad, pues el camino recién se está iniciando.

Concluye este capítulo la autora, con la siguiente reflexión:

"La lucha de la mujer acaba de empezar. Pero he llegado a la conclusión de que el cambio social no se produce en línea recta, sino con contínuos zigzags. Quizá sea éste otro período de deceleración. Todo se ha aquietado y ralentizado por el momento; no hay grandes manifestaciones ni una gran organización. Pero es precisamente ahora que no debemos parar, o correremos el riesgo de descorazonarnos en el camino".

Y yo agrego una invitación a las mujeres: Invitamos a reconocer, valorar, compartir y celebrar las pequeñas metas que están en este complicado camino de zigzags. Estas metas podrán iluminar a todas aquellas mujeres que inician este oscuro y difícil camino. Compartir nuestras experiencias de alegrías y dificultades fortalece nuestra fe y nuestra esperanza de una Iglesia en que varones y mujeres seamos personas adultas y espiritualmente plenas.

Adriana

Santiago, 31 de enero de 2011

30 de enero de 2011

"BUEN VIVIR": EL GRAN PARADIGMA INDÍGENA

P. Gregorio Iriarte o.m.i.

- Queremos proponer algunas reflexiones sobre el “Buen Vivir”. Es un antiguo paradigma que nos muestra la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas americanos, así como su identidad .

- El “Buen Vivir” o “Vivir Bien” (sumaj qamaña”) contiene un mensaje universal y esperanzador frente a un mundo que va perdiendo sus valores morales más profundos e importantes.
Se nos presenta como alternativa al “vivir mejor” de nuestra cultura. El “vivir mejor” lo relacionamos con los ingresos personales, el consumo y las satisfacciones que nos ofrece la tecnología moderna. El “Buen Vivir” hace relación a la armonía con todos nuestros hermanos, con las diferentes culturas, con Dios y con la naturaleza.

- Frente a la modernidad con su fe ciega en el progreso, el “Buen Vivir” (sumaj qamaña en aymara y sumaj kausay en quechua) ofrece vivir de manera diferente, abiertos a todo el mundo y a todas las personas, en busca de una sociedad más fraternal, igualitaria y justa. Es un nuevo paradigma, con una lógica muy distinta a nuestra mentalidad post-moderna, tremendamente individualista y economicista.

- El “Buen Vivir” nos puede ayudar a percibir la realidad y los mitos ancestrales, no de un modo rígido según nuestras categorías, sino como un incentivo al diálogo abierto con distintas culturas. Es una invitación a relacionarse de un modo distinto con “el otro”, aceptando y respetando tanto la igualdad como las diferencias.
Este nuevo paradigma pone en tela de juicio los grandes proyectos de la
modernidad. “Buen Vivir” propone otro estilo de vida fundamentado en la
ética de la convivencia en base a pactos y alianzas.

- También nos invita a ceder protagonismo a favor de los nuevos actores para construir, más allá de los dogmatismos políticos y de la corrupción imperante, una sociedad donde estén presentes el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, la equidad, la pacífica convivencia…etc.

- Implica también una reformulación de todo el proyecto educativo para una auténtica formación. Podría servirnos como una actualización en nuestro medio de los 4 principios básicos propuestos por la UNESCO.: a) Aprender a Aprender. B)Aprender a Ser, c)Aprender a Hacer y d)Aprender a Convivir.

- “Vivir bien” se traduce en un imperativo ético y en una red de solidaridad para superar las desigualdades, devolver la dignidad a todas las personas y elevar la autoestima de los que se encuentran más deprimidos. Es luchar para hacer posible la gran Utopía de la fraternidad universal entre todos los pueblos y razas.

- Sin embargo, no todo es tan simple . Nos rodean muchas ambigüedades. Está presente, por ejemplo, la paradoja aymara: por una parte un fuerte sentido comunitario, pero, por otro lado, un creciente individualismo que debilita y hasta anula los vínculos de solidaridad.

- Es evidente que lo que nos propone el “vivir bien” está muy lejos de ser una realidad concreta de nuestras comunidades aymaras. Es un ideal, un gran proyecto cultural que nos puede llevar a una interpelación ética frente a la crisis de valores de nuestra cultura moderna.

29 de enero de 2011

SEGUIMOS CREYENDO QUE OTRO MUNDO ES POSIBLE...


En estos últimos meses hemos estado reflexionando, con el texto de Joan Chittister, OSB sobre el ser mujer en la Iglesia. Cuando llegamos al capítulo 19 de su libro (Sal Terrae, 2006) trabajamos el tema de "Hombres y mujeres: el descubrimiento de la adultez".

La reflexión nos llevó a reconocer la importancia que tiene para todos y todas el pleno desarrollo de la mujer. Que conste que no se trata de un desarrollo “mujerista”, que pretenda controlar y minimizar a los hombres, pues eso no cambiaría nada en el mundo, salvo que los opresores serían ahora las mujeres. Hablamos del pleno desarrollo de las mujeres, que sirva para cambiar el mundo: una verdadera igualdad y coparticipación con los hombres.

Reconocemos que llegar al pleno desarrollo de la mujer no es fácil, especialmente al interior de nuestra Iglesia. Es necesario que las mismas mujeres permitamos el cambio, pues a veces nos limitamos a seguir el rol de género que nos ha sido asignado y no permitimos que se nos vea como adultas plenamente operativas y por derecho propio. Joan Chittister nos recuerda que aprender quiénes somos es parte del hecho de ser dignas de la coparticipación.

Las mujeres debemos ser libres para desarrollarnos como personas plenas, asumir la responsabilidad de nuestras propias ideas. Aprender a hablar además de escuchar. Al mismo tiempo, los hombres deben aprender a escuchar y no sólo a hablar. Según la autora, “contar nuestra historia y decir la verdad de nuestra experiencia es un modo de plantar un jardín”. Pero, si eres mujer, ¿quién quiere escuchar tu historia? El jardín se llama “arenas movedizas”, “disentimiento”, “herejía”… pero debemos hacerlo aunque signifique navegar contra corriente.

También veíamos las implicaciones teológicas que tiene el pleno desarrollo de las mujeres. Si creemos que hombres y mujeres fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, pero por otro lado negamos la igualdad y las importancia de la participación femenina en el mundo de las ideas, estamos poniendo en entredicho la definición misma de Dios. En palabras de Joan Chittister,
“la supresión de las mujeres es un pecado, no por ser un pecado contra la mujer, sino por ser un pecado contra la creación misma. Suprimir la mitad de la creación de Dios en nombre de Dios es un pecado contra el Espíritu Santo.”

Concluimos reconociendo que nos falta mucho camino por recorrer, pero podemos ir dando pasos para llegar a ser valoradas en la sociedad y en la Iglesia. El colectivo Pachacuti sigue creyendo que otro mundo es posible, donde hombres y mujeres podamos llegar a la equidad y a la complementariedad.
Corina J. Varela G.

28 de enero de 2011

MUY UNIDAS


El 24 de enero hemos realizado un encuentro en casa de las Hnas. Dominicas, de la Comuna del Bosque, en Santiago de Chile. El motivo ha sido despedirnos de nuestra querida compañera “pachacutina”, Anne Marie Guenego que regresa a Francia. Ha sido para nosotras un regalo de Dios haber compartido con ella, durante casi tres años, sueños, búsquedas, experiencias… acompañándonos y apoyándonos mutuamente… Ha sido un caminar juntas con gozo y esperanza. Te deseamos Anne Marie mucha fuerza y entusiasmo en la nueva misión junto a tus Hermanas. Y… SEGUIREMOS MUY UNIDAS…

6 de enero de 2011

¡BIENVENIDO, 2011!

Quiero empezar este 2011 como un regalo. Sé que ha de parecer ironía para quienes lo empiezan desde el dolor. Demasiadas y demasiados tendrían que discrepar de mis palabras, y les pido perdón si mis ilusiones hieren en sus desdichas.

Pero mi sentimiento, no es un sentimiento ingenuo sino una llamada a la gratitud. La vida se nos da como don cada mañana y también la naturaleza y la amistad y la belleza y el silencio, también en el dolor. Hay miles de cosas que nos rodean que son regalo de la Vida que hay en la vida. Ese es el sentimiento ante el estreno de un nuevo año.

Yo me siento ante el 2011 sabiendo que va a ser lo que yo quiera hacer de él. No espero para ser feliz resultados mágicos de cambios económicos, soy escéptica ante las promesas de programas sociales. No espero que nuestros políticos rebajen sus sueldos y dejen sus prebendas; vivo como muchos el desencanto político y económico. Es muy posible que nada de eso cambie.

Sin embargo el 2011 será lo que yo quiera que sea. Haré en él, el bien que yo haga, y eso me da poder para hacer que sea un año más bueno. Podré compartir de lo que tengo y entonces podré hacer que el 2011 sea más justo. Podré derrocharme en detalles de amor y cuidado y entonces aseguraré que el 2011 sea más cálido y acogedor.

Puedo poner en él a Dios y entonces Dios habitará el 2011. Puedo poner esperanza por encima de mis desesperanzas y entonces el horizonte se abrirá para mí y para muchos. Pondré mi esfuerzo, mi trabajo y mi inteligencia para hacer que sea un año más humano, y eso está en mis manos, como en las de todos.

Sé que después de mis ilusiones vendrán 365 días para ensayar los buenos deseos. Habrá días difíciles, vendrá el desánimo, el tedio, la desgana, la desilusión…, porque la vida es así. Pero cada día se me ofrecerán las fuerzas, si las recojo, y podré humildemente reafirmar mis quereres.

Esta mañana he querido empezar el año dedicando un rato a mis padres ya muy mayores. Estaban viendo el concierto de Año Nuevo. Un concierto a las 11 de la mañana, rompiendo esquemas horarios. Así ha de empezar el 2011, como un concierto de mañana, como empieza el día al amanecer.

Franz Welser-Möst, dirigía todos los instrumentos, desde las humildes castañuelas a los selectos Stradivarius. Dirigía cerrando los ojos, poseído por la música, sintiendo en sí mismo el sonido de cada uno de los instrumentos.

Todo era armonía en la Filarmónica de Viena y el Musikverein no me ha parecido tanto ofensivo en su riqueza, quizás porque la música era alegre y tan bella como la creación, y por tanto también se me ha antojado sagrada, obra de las manos creadoras del ser humano a semejanza de un Dios presente en todo.

Las coreografías y el ballet me llevaban a pensar en Jesús cenando alegremente entre los amigos para hacer presente el Reino de Dios. ¡Qué religión tan especial la suya, que convierte en sagrado lo más humano y lo cotidiano, que vive como extraordinario lo ordinario!

De nuevo he pensado en el 2011, de vivir al ritmo de valses y de armonía. Poner música donde nada suena bien, donde hay desarmonía y desconcierto. Quizás pueda yo abrir las puertas del Musikverein a otro público que ahora no tiene entrada: es el 2011 de la gratuidad, sin exigencias de vestimenta. Música y valses para todos, también para los últimos y olvidados, para hacer del 2011 un concierto de 365 sonidos armoniosos.

Matilde Gastalver

tomado de http://www.feadulta.com/

24 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD



LES DESEAMOS A TODOS LOS AMIGOS Y AMIGAS


ESTÁ CON NOSOTROS

Antes de que nazca Jesús en Belén, Mateo declara que llevará el nombre de «Emmanuel», que significa «Dios-con-nosotros». Su indicación no deja de ser sorprendente, pues no es el nombre con que Jesús fue conocido, y el evangelista lo sabe muy bien.

En realidad, Mateo está ofreciendo a sus lectores la clave para acercarnos al relato que nos va a ofrecer de Jesús, viendo en su persona, en sus gestos, en su mensaje y en su vida entera el misterio de Dios compartiendo nuestra vida. Esta fe anima y sostiene a quienes seguimos a Jesús.

Dios está con nosotros. No pertenece a una religión u otra. No es propiedad de los cristianos. Tampoco de los buenos. Es de todos sus hijos e hijas. Está con los que lo invocan y con los que lo ignoran, pues habita en todo corazón humano, acompañando a cada uno en sus gozos y sus penas. Nadie vive sin su bendición.

Dios está con nosotros. No escuchamos su voz. No vemos su rostro. Su presencia humilde y discreta, cercana e íntima, nos puede pasar inadvertida. Si no ahondamos en nuestro corazón, nos parecerá que caminamos solos por la vida.

Dios está con nosotros. No grita. No fuerza a nadie. Respeta siempre. Es nuestro mejor amigo. Nos atrae hacia lo bueno, lo hermoso, lo justo. En él podemos encontrar luz humilde y fuerza vigorosa para enfrentarnos a la dureza de la vida y al misterio de la muerte.

Dios está con nosotros. Cuando nadie nos comprende, él nos acoge. En momentos de dolor y depresión, nos consuela. En la debilidad y la impotencia nos sostiene. Siempre nos está invitando a amar la vida, a cuidarla y hacerla siempre mejor.

Dios está con nosotros. Está en los oprimidos defendiendo su dignidad, y en los que luchan contra la opresión alentando su esfuerzo. Y en todos está llamándonos a construir una vida más justa y fraterna, más digna para todos, empezando por los últimos.

Dios está con nosotros. Despierta nuestra responsabilidad y pone en pie nuestra dignidad. Fortalece nuestro espíritu para no terminar esclavos de cualquier ídolo. Está con nosotros salvando lo que nosotros podemos echar a perder.

Dios está con nosotros. Está en la vida y estará en la muerte. Nos acompaña cada día y nos acogerá en la hora final. También entonces estará abrazando a cada hijo o hija, rescatándonos para la vida eterna.

Dios está con nosotros. Esto es lo que celebramos los cristianos en las fiestas de Navidad: creyentes, menos creyentes, malos creyentes y casi increyentes. Esta fe sostiene nuestra esperanza y pone alegría en nuestras vidas.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
ECLESALIA, 15/12/10.-

24 de noviembre de 2010

Sobre el sacerdocio de las mujeres

Por Corina J. Varela G
Con sorpresa he leído las declaraciones del Papa en el libro-entrevista “Luz del Mundo. El Papa, la Iglesia y el signo de los tiempos” sobre la ordenación sacerdotal de las mujeres. Benedicto XVI sostiene que la Iglesia no tiene la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal porque ha sido Cristo quien ha dado “una forma a la Iglesia con los doce y su sucesión con los obispos y sacerdotes”. El Papa también dice que, con respecto a la ordenación de las mujeres, “no se trata de no querer, sino de no poder”. Según Benedicto XVI, la Iglesia “no puede hacer lo que quiere” porque se ha de atener “a la voluntad del Señor”.
No pretendo en esta breve nota discutir con el Papa, pero sí quisiera decir que durante los años que Jesús recorrió Palestina predicando, lo que se ha dado en llamar su vida pública, formó una comunidad de seguidores y seguidoras y predicó la llegada del Reino o reinado de Dios aquí y ahora. Él no fundó una Iglesia. La Iglesia fue hecha por los apóstoles, los discípulos y las discípulas que continuaron transmitiendo la Buena Nueva después de la resurrección.
La comunidad reunida primero en torno al Maestro y luego en torno a su Palabra era mixta e igualitaria. El Evangelio de Lucas relata la participación en ella de mujeres, como María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas, que siguen a Jesús desde el inicio de su misión en Galilea y le ayudan con sus bienes. Y también nos hace conocer a María de Betania, que se sienta a los pies de Jesús –postura clásica del discipulado- para escuchar su palabra. La profundidad del compromiso de las discípulas queda demostrada en el momento de la prueba más difícil: la crucifixión. Cuando los varones han huido, son las mujeres las que quedan sufriendo junto a su Señor torturado, le acompañan al sepulcro y luego son testigos de su resurrección y encargadas de anunciar la misma a los discípulos.
En el libro de Hechos de los Apóstoles, que nos narra los primeros pasos de la Iglesia encontramos también la presencia de mujeres. Para empezar, los apóstoles se reunían a orar en el cenáculo y con ellos se reunían también algunas mujeres y María, la madre de Jesús. Podemos suponer que el día de Pentecostés, todas ellas recibieron también el Espíritu junto con los apóstoles. También encontramos a mujeres como Priscila, que junto a su esposo Áquila eran colaboradores de la causa del evangelio y en su casa se reunía la comunidad, o sea la Iglesia, de Éfeso. Y es que en un comienzo las comunidades se reunían en las casas y muchas veces eran las mujeres las que presidían la celebración. Testimonio de esto son las alusiones de Pablo en la Carta a los Romano: Priscila, María, Trifena y Trifosa, Julia… En esta misma Carta, Pablo menciona también a Febe, diaconisa de la Iglesia de Cencrea.
Con el correr de los años, las comunidades cristianas van a ir cambiando el lugar de culto: de las casas, donde el protagonismo de la mujer era aceptado y se sentía como algo propio, a los lugares públicos donde el liderazgo de la mujer se consideraba inapropiado y vergonzoso. La Iglesia se fue estructurando y jerarquizando y ya en los siglos III y IV, los líderes masculinos de la Iglesia deliberadamente quisieron suprimir el liderazgo equitativo de las discípulas. Y cuando a fines del siglo IV la Iglesia se convierte en la religión oficial del imperio romano, se hace definitivamente una religión masculina.
Ahora, ya en pleno siglo XXI, la situación de las mujeres al interior de la Iglesia católica no ha cambiado mucho y me parece difícil pensar en un cambio a corto o largo plazo. No deja de extrañar el que en la Iglesia no se haya seguido el ejemplo de Jesús en relación con las mujeres. Los laicos, y sobre todo las mujeres, son considerados actualmente como receptores del Mensaje pero no como parte activa y dinámica del anuncio de ese mismo Mensaje.
Lo que falta es vencer las resistencias del pensamiento androcéntrico de la organización de la Iglesia y recuperar en la práctica la tradición del movimiento de Jesús como discipulado de iguales, donde los ministerios no estén concentrados en manos de una jerarquía exclusivamente masculina. Ojalá algún día podamos llegar a constituir una Iglesia donde hombres y mujeres luchemos mano a mano por la paz y la justicia, para hacer de éste un mundo más humano, por hacer realidad la Buena Noticia del Reino que anunció Jesús de Nazareth.