23 de marzo de 2008

¡MUY FELICES PASCUAS!
Les deseamos a todos nuestros amigos, amigas y visitantes

20 de febrero de 2008

CUARESMA 2008

“Te dedico este silencio que no es de temor”, leí, ya hace unos años, en un pequeño libro. La frase me quedó colgando una temporada, balanceándose delante de mis ojos, insinuándose, juguetona… Podía saborearla, la notaba dando vueltas dentro de mi boca.
La tenía casi olvidada pero al comenzar esta cuaresma ha saltado de nuevo con fuerza y autonomía sobre mi recuerdo.
“Te dedico este silencio que no es de temor”
La relaciono con este nuevo tiempo que acabamos de abrir. Es mi oración para esta cuaresma. Una cuaresma basada en el silencio, y un silencio nacido de la gratitud, de la expectación, no del temor.
El silencio sana, sosiega y salva. Tres eses enlazadas, formando una espiral; parece nuestro código genético. Sumergirnos en el silencio nos obliga a encontrarnos con nosotras mismas, con las raíces podridas y con la tierra fértil. También hace que seamos más conscientes de nuestra sed, de nuestro deseo de Más.
Estos días quiero ayunar de palabras que no transmiten y de las que sólo viajan con el dolor.
Busco la austeridad del silencio que se posa sobre mi tierra y va recogiendo mis esfuerzos por madurar.
Un camino cuaresmal (y ahora me dirijo a ti, mi buen Dios) en el que la semilla que pusiste en mí no sólo puja por salir sino que además remueve mi tierra.
Te dedico este silencio que no es de temor, Señor. Es mi adoración sincera, mi gratitud perenne porque recibes en ti mi mediocridad y la haces bella. “Soy morena pero hermosa”, dice la muchacha del Cantar.
Hoy, mi buen Dios, estoy de rodillas ante ti, descalza ante tu presencia inmensa que eriza mi piel. Y me quedo en silencio. Un silencio que no es de temor. Es el silencio de la creación ante el inicio de algo nuevo que brota: el día, la luz, o yo.

Monjas Trinitarias de Suesa

9 de febrero de 2008

Presentación de LAQUE ES. EL MISTERIO DE DIOS EN EL DISCURSOTEOLÓGICO FEMINISTA

Agradecemos a Ma. Luisa Paret quien hizo un resumen del libro LA QUE ES, de la teóloga Elizabeth Johnson y lo puso en la red, en el sitio: “Mujeres y teología, Madrid, junio 2003. Este libro, por lo que sabemos, aún no ha sido traducido al castellano.

Nosotras, que nos hemos enriquecido con esta reflexión a partir de este texto, porque nos ha dado pistas en nuestras búsquedas personales y de grupo y nos ha provocado interrogantes, como también momentos de gozo, quisimos compartirlo integrándolo en la sección artículos de nuestro blog.

Para animar a otros y otras a leerlo, intentaremos hacer una breve reseña de las temáticas que aborda en los capítulos que ya hemos leído, a lo cual adjuntaremos la reflexión que nos ha suscitado en nuestra última reunión.

El tema central es LA IMAGEN O IMÁGENES que tenemos de DIOS como también el LENGUAJE con el que nos expresamos para referirnos a este Misterio. Se plantea como una cuestión teológica crucial el modo de hablar de Dios en orden a la recuperación de la dignidad y la igualdad humanas de la mujer a fin de construir una comunidad (hombres y mujeres) caracterizada por relaciones de reciprocidad, de amor y de justicia.

* El texto comienza planteando el problema de los modos inadecuados de hablar de Dios, sus consecuencias y simbología. Y presenta este interrogante: ¿porqué no hablar de lo divino con imágenes equivalentes tomadas tanto de la experiencia de las mujeres, de los hombres, como también de la naturaleza?... ¿no se lograría con esto una mayor inclusividad?...

* El punto de partida de la reflexión teológica feminista es la experiencia vivida por las mujeres y desde allí se plantea en qué consiste la ética feminista y por qué las mujeres son imagen de Dios e imagen de Cristo.

* A continuación, en cuanto a la Escritura y la hermenéutica de la de la revelación, se parte del supuesto que los textos bíblicos, en su mayor parte fueron escritos por hombres y para hombres en un contexto de cultura patriarcal. Se plantea la problemática de los conceptos tradicionales de “inspiración” y “revelación” y los nuevos modelos de concebir la revelación y la interpretación liberadora de los textos.

Asimismo, se plantea también la cuestión de la “inerrancia bíblica” y su relación con la “verdad salvífica”; el problema cuando se utiliza un lenguaje monolítico y –en contraposición- la riqueza y variedad del lenguaje de Jesús cuando habla de Dios.

Se presenta a su vez, un análisis de tres símbolos bíblicos muy ricos: ESPÍRITU/SHEKINAH, SABIDURÍA/SOPHIA y MADRE como alternativos al dominante lenguaje patriarcal sobre Dios.

* Se prosigue planteando el tema de la inaprensibilidad de Dios y se recoge desde la tradición judaica y cristiana que, Dios como Dios… es un misterio sin límites, que no puede ser medido, manipulado ni controlado. Y que la revelación no agota ni puede agotar el misterio de Dios. Se citan diversos autores de la tradición cristiana que, de diversas maneras, expresan lo mismo. Hay pluralidad de nombres y polifonía de discursos para referirse al misterio divino.

* Por último, en el capítulo 7 a partir del cual estamos reflexionando y compartiendo, se presenta el ESPÍRITU/SOPHIA en acción como vivificante, renovador, rehabilitador y dador de gracia. Se alude también a las metáforas clásicas y a las metáforas feministas para hablar del Espíritu.

Y una pregunta: ¿qué ha pasado que el Espíritu pasó al olvido?

Por último se presentan tres perspectivas de la teología feminista para hablar de Dios:
- la inmanencia del Dios trascendente
- la pasión divina de la liberación
- y la naturaleza constitutiva de la relación

A continuación presentamos un comentario de la reflexión grupal

La idea del acto creador ocurrido como una vez y terminado no corresponde a la realidad. Este acto se va re-creando a través del tiempo con la colaboración de la humanidad. Observando nuestra realidad, nuestro mundo nos surge la pregunta : ¿qué ha sucedido?, ¿qué está sucediendo actualmente? Vemos destrucción, no hay construcción o re-creación. Destruimos la creación.
Para re-crear es indispensable tomar conciencia de que somos parte de esta creación. La humanidad no somos una especie aparte. Y si somos parte de un todo ¿por qué esta parte tan minúscula (en comparación a los otros seres vivos) tiene poder o la capacidad para destruir? Somos un tejido vivo.
El máximo don que nos ha sido entregado es justamente la posibilidad de decisión (libre albedrío). Y sucede que en vez de re-crear junto al Espíritu, ese don lo usamos para destruir. Resulta inexplicable: ¿qué quiere Dios? ¿por qué nos da esa posibilidad? ¿para qué?
A pesar del pecado y de la destrucción, el Espíritu sigue vivificando “creando, inhabitando, sosteniendo, resistiéndose, recreando, provocando, guiando, liberando, completando”.
Hay oraciones antiguas muy hermosas, que se repiten una y otra vez y que es necesario re-descubrir. Rezamos y pedimos insistentemente para que el Espíritu venga y actúe...pero solo...sin nosotras (os). Nuestra actitud pasiva, ha ido deformando las respuestas: ¿a qué me llama?¿qué debo hacer?.
Olvidamos que el Espíritu “con la mediación de la praxis humana, va lavando lo que está sucio, calentando lo que está frío, enderezando lo que está torcido”.
Olvidamos que “en momentos de renovación, sanación y liberación” es como más intensamente se expresa el poder del Espíritu.
Olvidamos que las transformaciones no son automáticas, son procesos que necesitan del esfuerzo de las personas que trabajan por la justicia y contra el sufrimiento
.La lucha en contra del sexismo, por ejemplo, es una de las múltiples y variadas manifestaciones en que el Espíritu se manifiesta para lograr la anhelada paz e igualdad.
“Cada retazo de renovación que se produzca es un anticipo del Espíritu que transforma la creación en una nueva creación.”
Hay momentos y circunstancias en que aparentemente no caminamos, no avanzamos, no vamos para ningún lado y el sufrimiento continúa presente. Y es ahí donde también actúa el Espíritu: se sigue esperando con certeza que todo será mejor. Esperanza contra toda esperanza:

“Machaconamente, el Espíritu que habita en el centro de la existencia personal crea un corazón puro, un nuevo espíritu un corazón de carne y compasión en lugar del corazón de piedra (Ez 36,26).
Suyo es el poder de quien se mueve entre los atenazados por el dolor;
suya es la gracia de la conversión;
suya es la luz de la conciencia;
suyo el poder de sacudir nuestras certezas arraigadas e introducir un nuevo pensamiento;
suya la fuerza de fomentar la intranquilidad;
suyo el óleo que conforta;
suyo el vigor que mantiene vivo el fuego de un amor activo.”
(los párrafos en letra cursiva son citas textuales del resumen del libro LA QUE ES)

31 de enero de 2008

UN HOMBRE POR LA IGUALDAD ES AQUEL....


  • Se acepta a sí mismo como producto de su tiempo y cultura
  • Ha iniciado un camino personal de búsqueda y replanteamiento interno de sus valores, esquemas, mecanismos, conductas y pensamientos.

  • Mantiene una actitud de cambio en sus relaciones con las mujeres, en las que ya no tolera ningún tipo de desigualdad en razón del sexo.

  • Apoya activamente las justas reivindicaciones de las mujeres contra el sexismo.

  • Comprende que no basta con las palabras y que es necesario que los hombres se posicionen activa y públicamente sobre el tema.

  • Está aprendiendo a verse como un ser sensible, afectivo y, sobre todo, vulnerable. Además, está intentando superar su tradicional aislamiento emocional.

  • Ha iniciado un proceso de replanteamiento de la relación con sus hijos e hijas. Ya no acepta continuar con un papel secundario e intenta que la relación sea más completa, aprendiendo a implicarse directamente con ellos y ellas.

  • Intenta ir superando el miedo y el rechazo ante situaciones de cercanía y complicidad con otros hombres.

  • Comprende que la compañía y la ayuda de otros hombres le es necesaria para su desarrollo vital. Acepta su apoyo y está aprendiendo a no verlos como competidores.

  • Avanza en un proceso de renovación de su sexualidad, intentando vivirla de forma más natural y plena, sin los determinantes que el modelo tradicional masculino le ha impuesto.

  • Ha comenzado a cambiar su actitud hacia la homosexualidad, reconociendo que las personas homosexuales sufren una situación de discriminación que ha de ser combatida activamente. Analiza su relación personal con este tema.

  • Y, por supuesto, ha adoptado una actitud de tolerancia cero hacia la violencia de género que ejercen los hombres sobre las mujeres. Ha comprendido que “el silencio nos hace cómplices”.

Y en definitiva ...

Es un hombre que tiene un proyecto de cambio personal y lo está llevando a la práctica. Por ello se replantea una gran parte de sus posiciones, actitudes y conductas, que entiende están determinadas por su proceso de socialización sexista y patriarcal.
para ello, entiende que primero ha de cambiar él.

Su objetivo es construir una sociedad en igualdad en la que se haya conseguido superar los roles de género y, para ello entiende que primero ha de cambiar el.



( Decálogo de los hombres por la igualdad. AHIGE,Asociación de Hombres por la igualdad de Género)

29 de enero de 2008

LA LIBERACIÓN DE LAS MUJERES Y LA ESPIRITUALIDAD.

Artesania en mostacilla, Cultura Huichol , Mexico

María Luisa Paret

Puesto que la Biblia es una de las principales fuentes de la espiritualidad tradicional, es importante analizar diferentes concepciones de espiritualidad y ver la relación entre espiritualidad feminista y las luchas feministas por la liberación.

Una espiritualidad bíblica feminista significa, aprender a leer y comprender la Biblia desde la óptica feminista de la justicia y un movimiento de transformación. Darnos cuenta de hasta qué punto la comprensión de la Biblia se halla presa de discursos patriarcales que no liberan a las mujeres, así como buscar las fuentes de justicia que se encuentran en ella.

Recorrer los caminos de la Sabiduría, es lo mismo que andar los caminos de la justicia. Interpretar la Biblia desde el punto de vista de la justicia y el bienestar, significa hacerse sabio y audaz. La doble metáfora de la sabiduría como carácter y de la Sabiduría como representación bíblica femenina de lo Divino, es decisiva para entender este recorrido.

El modelo tradicional de hermenéutica es dualista. La intérprete feminista sigue un modelo diferente, desde un punto de vista retórico-emancipador. En este concepto quedan reflejados tanto su método como su objetivo, porque no podemos olvidar que las mujeres estamos haciendo teología científica en el más riguroso sentido de la palabra.

Es un término que, al igual que feminista, se emplea en un sentido peyorativo; emancipador evoca la liberación de la esclavitud y el tutelaje. Es un enfoque de interpretación cuyo objetivo es la abolición de las estructuras de dominación y lograr el bienestar de todos los seres humanos.
Las voces silenciadas e invisibilizadas de las mujeres nos constituye en sujetos del conocimiento y la historia para someter a crítica la Biblia y elaborar una espiritualidad bíblico-política que fomente la aportación de las diferencias.

Para convertirte en una intérprete bíblica feminista tienes que cambiar la forma de entender la interpretación de la Biblia y pasar a concebirla como una herramienta que ayuda, por una parte, a tomar conciencia de las estructuras de dominación y, por otra, a asumir la democracia radical presente tanto en nuestra experiencia como la que nos transmiten los textos.

Recorrer los caminos de la Sabiduría supone abandonar convicciones y normas inmutables que son tenidas por revelación y dadas una vez para siempre. Te reta a renunciar a estas ideas preconcebidas y a entender la Biblia como un discurso de liberación en situaciones histórico-políticas concretas.
Se trata de construir una nueva casa, la casa abierta de la Sabiduría, pero será necesario “deconstruir” los marcos intelectuales y teorías patriarcales renunciando a utilizarlos como planos y proyectos. La práctica de la interpretación puede ser realizada por tod@s, tanto por analfabet@s como por personas con formación académica.

En resumen, se trata de desarrollar una crítica social y un análisis político de las tradiciones bíblicas que contribuyen a la liberación y al bienestar. El objetivo de este recorrido no es tanto explicar qué es lo que leemos en la Biblia, cuanto en indagar cómo interpretarla críticamente en beneficio de las mujeres.

¿Cómo realizamos esta tarea?

En un foro o grupo en el que la ekklesía, la asamblea radicalmente democrática, puede debatir y discernir los significados públicos de la Escritura. A diferencia de la interpretación cristiana tradicional, que suele ser individualista y solitaria, la interpretación tradicional judía nos brinda un modelo radicalmente democrático para aprender a recorrer los caminos de la Sabiduría.

El estudio tradicional judío de la Torá se hace en un contexto social: “Reuníos en grupos para estudiar la Torá, pues ésta sólo puede ser aprendida en común” (Berekoth, 63b). Haciéndose eco de esta tradición, Jesús, que en el evangelio de Mateo es identificado con la Sabiduría-Sophia afirma “Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Los significados bíblicos han de ser reconsiderados, cuestionados, debatidos y reformulados una y otra vez.

En este grupo o foro que constituye un espacio público se debate con imaginación creativa y gozosa conversación. Esta es una característica inherente al trabajo de las mujeres. Y, ahora, en la era de Internet, el grupo de estudio feminista “virtual” está en la red, compuesto por personas de diferente condición social, confesión religiosa, convicción política y grado de persuasión feminista. Estos debates deben cuestionar también, el modelo eurocéntrico y masculino de la ciencia, que separa la razón de los sentimientos y las emociones en aras de un saber objetivo e imparcial.

Dejemos danzar a la Sabiduría

Danzar pone en movimiento el cuerpo y el espíritu, suscita sentimientos y emociones y crea comunidad. La danza desbarata cualquier orden jerárquico porque se mueve en espirales y círculos. Nos hace sentirnos vivas y llenas de energía, poder y creatividad.
Concebir la interpretación bíblica como una danza, como un movimiento del Espíritu, es una invitación a participar en la danza del Espíritu-Sabiduría.


¿Te gustaría sumarte a esta danza en el espacio soñado y real de la Divina Sabiduría?


(Extracto del articulo publicado por la autora en Alandar, abril 2007)

21 de enero de 2008

EL VIENTO DEL ESPÍRITU EN ACCIÓN


Al viento del Espíritu
que sopla donde quiere, libre y liberador,
vencedor de la ley, del pecado y de la muerte.

Al viento de su Espíritu
que se remansó en el corazón y en el vientre
de una aldeana de Nazaret.

Al viento su Espíritu
que se apoderó de Jesús para enviarlo a anunciar
la Buena Nueva a los pobres y la liberación a los cautivos.

Al viento de su Espíritu que se llevó en Pentecostés
los prejuicios, los intereses y el miedo de los apóstoles,
y abrió de par en par las puertas del cenáculo
para que la comunidad de los seguidores de Jesús
fuera siempre abierta al mundo y libre en su palabra
y coherente en su testimonio e invencible en su esperanza.

Al viento de su Espíritu
que se lleva siempre los nuevos miedos de la Iglesia
y abrasa en ella todo poder que no sea servicio fraterno
y la purifica con la pobreza del martirio.

Al viento de su Espíritu
que reduce a cenizas
la prepotencia, la hipocresía y el lucro
y alimenta las llamas de la justicia y la liberación
y es el alma del Reino.

Para que seamos
viento en el viento,
hermanos.

Pedro Casaldáliga



Pentecostés 06/03/06
Casa de la Trinidad - Monjas Trinitarias - Suesa, Cantabria

20 de enero de 2008

VITRALES DE MARC CHAGALL .

"Para mí, el vitral de una iglesia es la pared transparente que separa mi corazón del corazón del mundo. Un vitral parece sencillo: materia, luz. Para una catedral o para una sinagoga es lo mismo: algo místico entra por la ventana".



(Marc Chagall)


19 de enero de 2008

AMPLIANDO NUESTRA MIRADA DE LO DIVINO



DIOS UN ELEFANTE GRANDE. POR QUÉ HAY MUCHAS RELIGIONES. *
Xavier Pikaza
Religión Digital

Hemos comenzado hablando de diálogo de las religiones. Se han planteado algunas cuestiones y quiero seguir reflexionando sobre ellas. Por eso me atrevo a introducir aquí dos páginas de mi libro Violencia y diálogo de religiones. Un proyecto de paz (Sal Terrae, Santander 2004, 138-141), que ofrezco ahora con ligeros retoques.

La parábola del elefante de Dios es hermosa y casi todos la conocen. Pero merece la pena pensar de nuevo en ella, desde lo que hemos visto sobre Panikkar y Hick, que siguen siendo maestros del diálogo religioso. En los días próximos iremos viendo otros motivos y elementos de la pluralidad y del diálogo de las religiones. Tengo como he dicho ayer, una aportación luminosa de G. Haya, que saldrá uno de los próximos días.

Algunos preguntan ¿Por qué hay tantas religiones? ¿No sería mejor que hubiera sólo una, para unirnos así todos los hombres y mujeres de la tierra? Pues bien, en contra de eso, pienso que la diversidad de las religiones resulta positiva para que los hombres puedan dialogar y conocerse, conociendo mejor a Dios. No es bueno que exista una sola religión, entendida en sentido institucional, porque podría convertirse en dictadura y, sobre todo, porque nos impediría descubrir y valorar la trascendencia de Dios, la riqueza dialogal de la vida humana.

La unidad que buscamos (propia de las religiones) no es un sistema unificado desde arriba, ni brota del dominio de una jerarquía única de sabios o sacerdotes sobre el conjunto de los hombres, sino que es comunión y armonía en la variedad. Como las partes de un organismo vivo, como los colores del espectro de la luz, como las notas de una melodía, como los dones y carismas de una comunidad viva… así son las religiones.

Nuestra respuesta no logrará convencer a todos, especialmente a los que vienen de una tradición sistemática de las religiones monoteístas, pero pienso que ella no es sólo la más coherente, sino la que mejor responde a la verdad interna del cristianismo (y del conjunto de las religiones). No quiero buscar el común denominador de las religiones (en un plano superficial), sino buscar aquello que tienen de más hondo y verdadero, siendo cada una distinta de las otras. Sin embargo, pero todas ellas forman parte del “gran elefante”, uno de los símbolos sagrados más significativos de oriente, tanto en el budismo como en el hinduísmo.
Estoy convencido de que lo más distintivo y propio de cada religión resulta en el fondo lo más universal.
No quiero que las otras religiones me digan sólo aquello que yo sé, que me confirmen en aquello que yo tengo… Quiero que me digan cosas que no sé, que me abran horizontes que nunca he contemplado… porque el elefante de Dios es inmenso. Estoy convencido de que Dios es Logos, logos de un Diá-Logo que se expresa y culmina allí donde los hombres se hace palabras uno para otros (lo que yo, cristiano, descubro plenamente en Cristo, pero sabiendo que otros lo ven de otra manera… y sabiendo que, por ser cristiano, debo escucharles, dialogar con ellos y pedirles que me enseñen lo que saben…).

Si en un momento no dejo hablar a los otros, si dejo de escucharles, ya no creo en mi fe cristiana; en el momento en que les impongo mi palabra no creo en la Palabra; en el momento en que pienso que soy superior a los demás dejo de ser discípulo del Cristo.
Muchas religiones, pero sólo un sistema (que se expresa en forma de dominio del Todo sobre todos. El sistema de la modernidad es único por ideología e imposición económico-social. Las religiones, en cambio, son varias, como son las razas y lenguas (culturas), que no se unifican por coacción, sino que se unen y enriquecen por diálogo. Por eso decimos que es bueno que haya diversas religiones, pues su pluralidad no va en contra de la verdad de una religión particular, como el cristianismo, sino al contrario.

Hay muchas religiones porque las experiencias profundas de la Realidad son múltiples, como la vida y los colores. Más aún, los creyentes podrían decir que hay varias religiones porque el mismo Dios, Realidad suprema, tiene maneras diversas de expresarse. Desde esa base esbozaremos algunas notas teóricas sobre la diversidad de las religiones, que podrán servir de punto de partida y camino para la reflexión y el diálogo.

Hay muchas religiones porque somos vidente ciegos (vivimos en la ardiente oscuridad de una Vida que nos desborda siempre) y el Elefante es grande. Esta es una respuesta popular que viene de la India. Reunieron una vez a siete invidentes y les encerraron con un enorme Elefante, diciendo: ¡Que toque y sienta cada uno y diga qué ha tocado y qué ha sentido!

Uno tocó una pata y dijo: Es una columna rugosa, como un árbol sin fin que sostiene el edificio del mundo.
Otro palpó cuidadosamente la trompa y evocó sus funciones diciendo: Es una especie de conducto hueco que absorbe y expulsa el agua de la vida.
El tercero metió la mano en la boca, llena de comida, y dijo: Es un abismo que todo lo devora.
El cuarto introdujo su cabeza en la garganta del animal, se sintió absorbido por su respiración y digo: Es una inmensa sima, que aspira y expira el viento infinito.
El quinto fue tocando la parte inferior de su vientre y dijo: Es un cielo que todo lo cubre y que así puede cobijarnos o impedirnos ascender a más altura.
El sexto, en cambio, logró saltar y colocarse encima, cabalgando sobre sus lomos a gran velocidad, recorriendo en círculo la gran sala del cosmos, y dijo: es un perpetuo movimiento ¡qué hermosura!.
El séptimo escuchó sus grandes alaridos y se dijo: ¡Es una voz, quiere transmitirnos un mensaje que no comprendemos!.

Reunidos lo siete no lograban ponerse de acuerdo sobre este Elefante, un Dios para ciegos con tacto y oído. Sus respuestas no iban descaminadas: ellas se han ido repitiendo a lo largo de la historia: Dios es la columna cósmica, el despliegue de la Realidad, la meta oscura, la respiración vital, el cielo alto, el movimiento perpetuo, la voz interpelante… Todo eso y mucho más ha sido Dios (lo Divino, el Ser originario) en la experiencia de las religiones. Todo eso es bueno y verdadero, pero resulta parcial, no consigue ofrecernos la imagen del Elefante entero, es decir, del Viviente divino, que así aparece como signo y realidad del Cosmos.

Vivimos desbordados y fundados por la Realidad, simbolizada por un Elefante (don de Vida, milagro de Ser), que nos sorprende y sobrepasa, ofreciéndonos, al mismo tiempo, su cobijo y su impulso: bajo su cielo vivimos, sobre su espalda avanzamos, en su aliento respiramos, de su carne nos alimentamos… No tenemos distancia para mirarlo desde fuera, para abrir los ojos y ver el conjunto de sus partes.


La Realidad nos excede y, por ello, de un modo normal, tras haber visto y sentido alguno de sus aspectos concretos, nos aferramos y decimos: ¡Dios es esto!. Así nos compartamos como ingenuos orgullosos, que se piensan capaces de dominar al Elefante. Para conocerle mejor sería necesario que alguien (¿el Elefante?) nos abriera de otra forma ojos y tacto, para que lo viéramos del todo y comprendiéramos. Pero no ha existido (aunque algunos digan lo contrario) ese milagro externo y seguimos dialogando (a veces discutiendo) sobre nuestras religiones, sobre el Elefante, sin advertir que somos parte suya y sin pensar que el Elefante es más que la suma de sus partes.

1. Somos muy pequeños: no podemos medir la realidad de Dios, el Elefante, sino sólo tocarle, palparle, como han dicho los místicos, especialistas en “toques” divinos, y como ratificó San Pablo, dialogando con los partidarios de otras religiones en Atenas, lugar de encuentro universal, en Hechos 17: somos como ciegos que palpamos a Dios, sabiendo, sin embargo, que “en él nos movemos, existimos y somos”.

2. Somos muy grandes: no podemos conocer nunca del todo al Elefante, pero tenemos una forma de vencer el desconcierto y concertarnos: confiar en los otros, escuchando lo que dicen e intentando después colocarnos cada uno en el lugar de los otros. El mismo Elefante (Realidad escondida, exceso de vida) nos invita por su enigma a compartir nuestras pequeñas verdades, para caminar de esa manera a la Verdad más honda.

La verdad que buscamos se aplica al Elefante, al que nadie ha visto, pues ver a Dios es morir. Pero, en un sentido convergente, ella puede aplicarse también a nuestro diálogo sobre el Elefante, pues en él se desvela la verdad. Así vamos descubriendo que esa verdad es relacional sin ser relativa, es comunicación sin ser habladuría. Según eso, para conocer a Dios (al Elefante) tenemos que escuchar a los demás, no por dependencia negativa, sino por enriquecimiento, pues ellos han podido palparle desde otras perspectivas.

No sabemos sólo aquello que experimentamos por nosotros, sino aquello que nos han dicho otras personas, pues aceptamos su testimonio y así nos enriquecemos. El conocimiento de los otros se vuelve así conocimiento nuestro, pues escuchamos sus palabras y podemos repetir sus experiencias, poniéndonos en su lugar, haciendo la ronda completa o más amplia posible de patas y trompa, boca y garganta… Nadie puede hacer todas las experiencias y es bueno que no pueda hacerlas, porque eso nos enseña a confiar en otros, pues nuestro diálogo acaba siendo la verdad del Elefante.

Las religiones se han vuelto lugar de intolerancia allí donde algunos han pretendido que su visión y perspectiva sea única, queriendo imponerla a los demás, quizá por envidia (¡no quieren visiones distintas!), quizá por imperialismo (¡los otros deben aceptar lo que decimos y ponerse a nuestro servicio). Pero pueden y deben volverse espacios o laboratorios de diálogo admirado. Es hermoso que existan otras perspectivas, para completar la nuestra, es hermoso que podamos decir en gratuidad lo que sabemos, para comunicarnos y compartir el Misterio.

Nuestra misma vida, rica y múltiple, arriesgada y sorprendente, es de algún modo ese Elefante divino, que tiene además, otras funciones: es Carne sagrada que los hombres comparten, es el Destino que les lleva en su carro, es vida y muerte… La vida de los hombres e incluso de los pueblos resulta corta para hacer la ronda del gran Elefante, pero ellos, hombres y pueblos, forma ciegos religiosos, pueden dialogar y contarse unos a los otros lo que han tocado y entre-visto, iniciando un diálogo inter-religioso. En ese sentido, las religiones son (deben ser) universales en perspectiva dialogal.

* Recomendamos leer de Javier Melloni el nº 97 de los Cuadernos de Cristianisme i Justicia